martes, 20 de noviembre de 2018
TORMENTA
Lo que te duele no viene a molestarte. Lo que te duele viene a purificarte. El dolor es un mensajero del alma. Te avisa diciéndote: “Llegó el momento de despedirse, vuelve a empezar”. A diferencia del sufrimiento, que es un secuestrador de tu equilibrio. Te engaña diciéndote: “Quédate aquí, más vale lo que conoces aunque sea incómodo que el vacío desolador”. Por eso. Te daña cargar con culpa, ingratitud o victimismo todo lo que te hiciste a ti mismo creyendo que eran los demás o el destino los que te maltrataban. Por eso. Te sana asumir con humildad, agradecimiento y responsabilidad todo lo que te hiciste a ti mismo sabiendo que los demás o el destino solo a transformarte te invitaban. No temas a las crisis o tormentas emocionales, solo se llevan lo que ya cumplió su función. Más bien teme quedarte donde ni llueve ni hace sol y donde las nubes son tu única opción. Recuerda: Sin dolor no hay despedidas. Sin despedidas no hay bienvenidas. Sin bienvenidas no hay vida. Feliz presente!